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Domingo 16 de Septiembre del 2007

El Alcohol: Aspectos Negativos (II)
Por Héctor Marín Segura

Hace algún tiempo, recibimos en ERE el correo electrónico de una persona que nos comentaba acerca de un alcohólico que pretendía acudir a AA en lugar de pedir ayuda en la iglesia.

Aquí quiero detenerme un poco para señalar que, en las labores de consejería no se tienen todas consigo.

¿Qué quiero decir?

A lo que me refiero es a que quienes nos hemos dedicado a la consejería, no tenemos la respuesta a flor de labios para cada problema.

Esto, porque nunca hay un caso igual a otro. Hay algunos que a veces nos parecen sumamente sencillos y otros que los encontramos francamente difíciles. Un pastor, un anciano, un consejero espiritual, no tiene la clave exacta para resolver un problema, por lo que debe tener mucho cuidado al dar un consejo adecuado para cada situación.

Sin embargo, y sin intención de poner pretextos, la verdad es que quienes en algún momento hemos estado a cargo de aconsejar a personas con algún tipo de problemática que piden nuestra ayuda, no somos "todólogos", y esto no porque haya pastores negligentes, ignorantes o tontos, sino porque tenemos que aceptar que hay cosas que no conocemos y, aconsejar sin tener idea cabal de una problemática, puede agravar la situación en vez de resolverla. Pedimos, sí, la sabiduría de Dios para poder llevar una palabra de aliento, de esperanza, una palabra que reconforte al afligido, al cansado, al apesadumbrado, pero también tenemos que encarar conjuntamente el problema, y a veces, cuando el problema requiere la intervención de otra persona, hay que canalizar a quienes se acercan a nosotros hacia esos canales adecuados, que pudieran ser un médico, un abogado, un psicólogo, etc.

De tal manera, que sería bueno, en el mejor de los casos, que en la iglesia se contase con un grupo de expertos que pudieran apoyar al pastor o al consejero en su labor.

A continuación, y a manera de sugerencia, algo que comenta el pastor Norman Vincent Peale en su libro "El Poder del Pensamiento Tenaz":

"(...) en nuestra Marble Collegiate Church, de la Quinta Avenida y la Calle 29 de la ciudad de Nueva York, tenemos en nuestra organización a doce psiquiatras, bajo la supervisión del doctor Smiley Blanton. ¿Por qué hay psiquiatras en la organización de una iglesia? La respuesta es que la psiquiatría es una ciencia. Su función es el análisis, el diagnóstico y el tratamiento de la naturaleza humana, según ciertas leyes y procedimientos bien comprobados. El cristianismo también se puede concebir como una ciencia. Es una filosofía, un sistema teológico, un sistema metafísico, un sistema de adoración; también se expresa en códigos morales y éticos; pero el cristianismo tiene también las características de una ciencia, en cuanto que se basa en un Libro que contiene un sistema de fórmulas y técnicas establecidas para la comprensión y tratamiento de la naturaleza humana. Las leyes son tan precisas, y han sido demostradas con tanta frecuencia al aplicarse con inteligencia, fe y práctica adecuadas, que se podría decir que la religión constituye una rienda exacta(...)".

"(...)El psiquiatra y el ministro reúnen sus conocimientos y combinan sus terapias, logrando como resultado que muchas personas encuentren vida y felicidad nuevas. El ministro no presume de psiquiatra, ni éste de pastor; cada cual desempeña su función específica, pero siempre en cooperación. El cristianismo, utilizado de esta forma, es el conjunto de enseñanzas impolutas de Jesucristo, Señor y Salvador de la Humanidad.(...)".

Ahora bien, pensemos en una pequeña congregación donde apenas hay algunos obreros y donde pensar en la participación de un grupo de psiquiatras es poco menos que imposible.

Si usted sabe que existe una organización de AA, ¿por qué no acercarse a ellos?

Peale, en su libro "Mensajes Inspirados Para la Vida Diaria", plantea lo siguiente:

"(...)Póngase en contacto inmediato con los Alcohólicos Anónimos. Ésta es una de las agrupaciones más dignas de elogio. Ha conseguido rescatar a más de un cuarto de millón de alcohólicos. Ellos se encargarán de su familiar, y tenga la seguridad de que dedicarán sus mejores esfuerzos y atenciones a conseguir su curación.

"(...)Una de las condiciones impuestas por los Alcohólicos Anónimos es que el alcohólico reconozca que lo es. Quien a ellos acude debe admitir francamente que no posee la fuerza necesaria para combatir su enfermedad y que desea ponerse en sus manos. En sus manos y, naturalmente, en las de Dios, también.(...)".

Claro, si por algún motivo usted no quiere enviar a su amigo o familiar a esa institución, ya sea por desconfianza, o por alguna otra razón, pero su pastor o consejero no le pueden tampoco ayudar, pídales que le ayuden a encontrar alguna institución o clínica particular donde el alcohólico en cuestión pueda ser bien atendido. Claro, esto no será posible, si se hace contra la voluntad del propio alcohólico.

HAY ESPERANZA

La semana pasada comentábamos que los borrachos, de acuerdo con la Palabra de Dios en 1 Corintos 6:9 y 10, están considerados al mismo nivel que los fornicarios, los idólatras, los adúlteros, los afeminados, los que se echan con varones, los ladrones, los avaros, los maldicientes, y los estafadores.

Este grupo de personas están descartadas de ser copartícipes del Reino de Dios.

Un primer paso para evitar este terrible destino, radica en que el alcohólico quiera cambiar, es decir, que acepte su alcoholismo y ponga manos a la obra para salir de esa situación.

Tenemos la certeza de que puede haber un cambio a través de Dios respecto al problema del alcohol y la borrachera porque la propia Biblia, en ese mismo capítulo, dice lo siguiente:

"11Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios" (1 Cor. 6:11).

¿A qué hace referencia el apóstol Pablo al referirse así a los corintios?

La Biblia Plenitud nos da una respuesta maravillosa al respecto:

"Pecadores como los mencionados por Pablo pueden ser completamente limpios de culpa (lavados), ser apartados para Dios (santificados ) y enteramente aceptados por el Señor (justificados), porque algunos de los cristianos de Corinto conocieron ese tipo de vida en el pasado. Mas su conversión se llevó a cabo en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. La obra redentora de Cristo es el fundamento, y el Espíritu Santo es el agente, a través del cual se consuma la salvación. Pablo concluye con una nota positiva, instando a los corintios a vivir de acuerdo a lo que son ahora".

Luego entonces, en esta historia, puede haber un final feliz. El borracho puede dejar de serlo e integrarse a la familia de Dios. ¿Cuesta trabajo? ¡Claro!, nadie ha dicho que sea sencillo, en especial cuando se trata de un vicio tan arraigado.

Las siguiente recomendaciones que hace Norman Vincent Peale en "Mensajes Inspirados Para la Vida Diaria", me parecen adecuadas y dignos de ser tomados en cuenta:

(...)El alcohólico puede ser curado. Por consiguiente, considere que su familiar podrá, con la ayuda de Dios, vencer a la enfermedad. Como usted seguramente no ignora, son muchos los alcohólicos que han conseguido deshacerse del hábito de la bebida, convirtiéndose en miembros plenamente útiles de la sociedad.(...)

"(...)Una de las condiciones impuestas por los Alcohólicos Anónimos es que el alcohólico reconozca que lo es. Quien a ellos acude debe admitir francamente que no posee la fuerza necesaria para combatir su enfermedad y que desea ponerse en sus manos. En sus manos y, naturalmente, en las de Dios, también.(...)"

La verdad, es difícil a veces pensar que un individuo que parece estar en perenne estado de embriaguez, pueda de pronto cambiar.

Bueno, aunque suene a fórmula ya gastada, el cambio no es mágico y exige paciencia. Paciencia del ebrio para dejar de serlo y paciencia de los familiares para enfrentar alguna posible recaída.

Algo importantísimo que debemos recordar es que, cuando caminamos de la mano de Dios, debemos seguir su camino. Claro, como el niño que va de la mano de su madre por la calle y de pronto se ve atraído por un globo, un juguete o un dulce, todos somos tentados en ocasiones a desviar el rumbo, ahí debemos detenernos y pensar qué es lo que quiere Dios de nosotros.

Filipenses 4:8-9 nos da la respuesta al respecto:

"8Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. 9Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros".

Sí, la tentación es fuete, la tentación atrae, definitivamente la carne es débil, pero la fe en Jesús debe ser nuestra guía.

Por último, y a manera de ejemplificar un caso de una persona que logró vencer la afición por la bebida, quiero presentarte algunas líneas que aparecen en el libro "La fe de George W. Bush", donde leeremos cómo venció el problema del alcoholismo.

Antes, quiero decir que en esta revista electrónica nunca hemos pensado que George Bush sea un gran político, o un hombre completamente justo. En numerosas ocasiones en estas páginas, hemos criticado y censurado muchas de sus decisiones y actitudes.

Sin embargo, reconocemos que como cualquier otro ser humano, es una persona de claroscuros, y es esta parte nítida de su personalidad, lo que queremos compartirte:

"También es importante señalar la manera en que Bush dejó de beber. El New York Times dijo que lo hizo "de una manera característica: decisivamente, por un impulso y sin mucha introspección". Esto cada vez más se convertiría en una característica, tanto de su vida personal como de su estilo de liderazgo.(...)

"Ciertamente, tenía defectos y a veces tomaría decisiones sin sabiduría. Aun así, Bush el que iba a la deriva, Bush el nómada, Bush el hombre sin propósito estaba saliendo de la escena. Con el tiempo (y tomaría pasos arduos al correr de los años) se convertiría en Bush, el hombre con una ordenanza que guardar. Sin embargo, nunca olvidaría lo que podría haber sido. Años más tarde, cuando hubo llegado a la presidencia, le pidió a algunos líderes religiosos que oraran por él diciendo: "Saben, yo tuve problemas con la bebida. En este momento debería estar en un bar en Texas, no en la Oficina Oval. Sólo hay una razón por la que estoy en la Oficina Oval y no en un bar. Encontré la fe. Encontré a Dios. Estoy aquí por el poder de la oración(...)".

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Bendiciones.

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