Catolicismo a la Baja
Por Héctor Marín Segura
No es que alguna vez el catolicismo haya estado a la alza. Sin
embargo, por su número de fieles alrededor de los cinco
continentes, no cabe duda que el catolicismo romano es un grupo
religioso de amplia influencia en gran número de países.
Esto incluye no sólo a quienes profesan dicha religión, sino
incluso a sectores de poder en los diferentes gobiernos del
mundo. México es prueba de ello, hace seis años vimos a Fox
crucifijo en mano tomando posesión como Presidente de la
República. Los medios, por otra parte, dieron cuenta de aquel
"que la Virgen de Guadalupe nos bendiga", expresado sin pudor
alguno por Carlos Abascal, actual secretario de Gobernación,
cuando era titular del Trabajo. No es desconocido el que el
dicha Secretaría, comandada por Francisco Javier Salazar Sáenz
se han impartido cursos de doctrina a los empleados.
Así podríamos enumerar y escribir una enorme lista de hechos en
los que se refleja la influencia católicorromana en diferentes
países del mundo.
Al líder, al jerarca católico, lo llaman Papa, se atreven a
llamarlo Vicario de Cristo, o sea, el que está en el lugar de
Cristo, lo cual es una blasfemia y un error doctrinal
desproporcionado. Los católicos dicen que el "Papa", que por
cierto, quiere decir "padre" -aunque el único Padre es Dios- es
infalible. Es decir, lo que él dice no tiene vuelta de hoja, no
se equivoca, y punto.
Benedicto XVI, conocido en el mundo terrenar como Josef
Ratzinger, diaríamos "el infalible Ratzinger", ha errado.
Sin querer -o queriendo- tuvo un desliz en la Universidad de
Regensburg, Alemania, cuando palabras más, palabras menos,
calificó de irracional e inhumano al islam.
Y no es que digamos aquí que el islam predica la verdad
absoluta, pero como cristianos debemos tratar por lo menos de
entender por qué una persona es capaz de creer en algo que a la
luz de las Escrituras es falso.
El cristianismo es una religión de amor y mal haríamos en tratar
de convencer al otro de que lo que nosotros predicamos es lo
correcto, si lo hacemos de manera intolerante e impositiva. No
en balde por eso se requiere tanta preparación para poder ser
misionero y así llevar la Palabra de Dios a quienes no la
conocen.
No hablamos de ecumenismo, sino de respeto, de entendimiento y
de ánimo, pero también entereza para defender y demostrar el por
qué de nuestra fe con argumentos.
Los comentarios de Ratzinger, han provocado la furia de sectores
reaccionarios del islam, y molestia y enojo entre los más
moderados.
Ratzinger quizá no se imaginó lo trascendente que llegaría a ser
su comentario, pero lo ha sido y tanto, al grado de que esos
grupos extremistas de los que tanto nos hablan canales como
National Geographic, han dicho que matarán al jerarca católico.
Si éste es un problema generado por el líder de una religión que
consideramos falsa, ¿en qué nos debería de preocupar?
Bueno, nos debe preocupar porque para el mundo musulmán no hay
diferencias entre un cristiano evangélico y un católico romano;
ambos, para los musulmanes, hablan de una manera u otra de
Cristo, por lo cual para el islam unos y otros son iguales,
incluso dicha conceptualización abarca para los creyentes en el
islam a mormones, Testigos de Jehová y cualquier otro grupo que
diga profesar su fe en Jesucristo.
Siendo así las cosas, podemos esperar una reacción de los grupos
extremistas no sólo contra objetivos católicos, sino también
contra evangélicos.
Quiero insistir en un punto, me refiero a los grupos extremistas
que profesan el islam, pero que además reclutan adeptos a los
que convencen de que cualquier cosa relacionada con occidente,
su cultura y sus valores, es mala y por lo tanto debe ser
destruida. En el islam hay gente valiosa, tranquila y pacífica,
por lo que no podemos generalizar el extremismo de unos cuantos
que sí, son peligrosos.
Debemos mucho al islam y su cultura, incluso nuestro idioma
contiene un buen número de palabras que provienen del árabe, y
muchas de nuestras costumbres y manifestaciones tienen
innegables rasgos judíos y árabes, grupos que vivieron en España
en la época de su mayor esplendor cultural y comercial, tras la
conquista de América, gran parte de esa herencia vino desde
España para adptar una nueva forma en nuesgtras tierras
americanas.
Así pues, Benedicto XVI ha encendido la mecha de algo que se
puede convertir en un verdadero reguero de pólvora que puede
estallar con descomunal violencia.
ABUSADORES
Pero por si fuera poco, sacude a la sociedad mexicana -católica
aunque sea de nombre en su mayoría- la acusación en contra del
máximo jerarca católico mexicano, el cardenal Norberto Rivera
Carrera, implicado en un asunto de encubrimiento de curas
pederastas.
Nuevamente la cuestión doctrinal aparece en escena, ya que sin
duda muchos de los males que aquejan al clero romanista, se
deben a su visión retorcida acerca de la castidad y el asunto
del celibato, que ha servido como tapadera para encubrir la
homosexualidad, perversiones y desviaciones sexuales diversas
practicadas no sin rehularidad por infinidad de curas católicos,
y claro, estas prácticas incluyen la pederastia, que es el abuso
sexual cometido contra niños.
¿Nos afecta como no católicos?
Sí, nos afecta porque como cristianos somos testigos de la
descomposición social producto de instituciones corruptas que
dañan al futuro de nuestro país: Nuestros niños y adolescentes,
seres a los que se les puede y se les debe hacer saber que
Cristo puede sanar sus mentes, sus almas y sus cuerpos
lastimados, heridos y abusados.
Nos afecta porque es una nueva oportunidad de pedirle ayuda a
Dios para que otros abran los ojos a la realidad de que detrás
de los rituales, ceremoniales y actos mecánicos que no pasan de
ser liturgia, la predicación no concuerda con los hechos.
El catolicismo está a la baja, y esta vez la baja la ha mostrado
un liderazgo decadente, descuidado y corrupto, la pregunta es...
¿Aprovecharemos, como hijos de Dios, esta baja para ensalzar el
nombre de Cristo?
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