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Domingo 25 de Noviembre del 2001

No envidiemos a los injustos
Por Héctor Marín

En la vida diaria, muchas cosas nos pudieran parecer injustas. Por ejemplo, Juan se quejaba de tener un promedio de 8 en la escuela, mientras que el promedio de Raúl era de 10. La única diferencia estribaba en que éste último siempre copiaba en los exámenes.

Alejandro, un joven cristiano vendedor de equipos de cómputo se exasperaba siempre que su compañero lograba alguna venta por grandes cantidades. La razón de su molestia no era la envidia, sino que muchas veces su compañero le vendía a sus clientes cosas que incluso no iban ni siquiera a poder utilizar.

Rita, una afanadora de un banco, tenía que estar a las 7 de la mañana en punto para comenzar a hacer el aseo antes de que la institución abriera sus puertas al público, sin embargo, no se explicaba por qué nunca habían castigado a sus demás compañeros quienes a veces faltaban al trabajo o llegaban tarde, mientras que ella tenía que realizar a veces las labores casi sola.

Don Martín no comprendía por qué llevando una vida honrada, no había podido siquiera pintar su casa desde hacía más de 2 años, mientras que el vecino de junto, quien, se comentaba, era un estafador profesional, mandaba a sus hijos a escuelas de paga, mandaba a su esposa constantemente de viaje, vestía impecables trajes de última moda y cada año estrenaba automóvil.    ¿Te ha pasado esto alguna vez? ¿Has llegado a pensar que para no sentir esa envidia, deberías también hacer las cosas mal?

Lo mejor es que nunca haya sido de esta manera, pero si alguna vez te has sentido tentado a proceder deshonestamente para lograr una mejor posición económica, mayor popularidad o lo que la gente del mundo llama "éxito", repasa el siguiente texto bíblico que se encuentra en el libro de los Salmos 37:1-6:

37:1 No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.
37:2 Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán
37:3 Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.
37:4 Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.
37:5 Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él, y él hará.
37:6 Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía.

Si reflexionamos sobre estas palabras, veremos que de nada les valen sus argucias y trampas a los que obran malignamente. Nosotros solamente debemos dedicarnos a hacer lo nuestro y no envidiar si a los que movidos por la codicia consiguen sus objetivos engañando y estafando a los demás. Nuestro Dios ya se encargará de ellos y nosotros debemos encaminar nuestros pasos hacia lo que Dios nos dice.


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