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Martes 17 de Noviembre del 2009

Brevísimo Diccionario Marín de la Docena
Por Héctor Marín Segura

Ñ

ñacañaca. En mi niñez, recuerdo que en algunas historietas, me parece que en las de La Bruja Maruja, una de sus enemigas malas (se supone que Maruja era una bruja buena) solía decir la palabra ñacañaca cuando alguna travesura o alguna maldad se le ocurría. Este apartado no es de ninguna manera un tratado sobre brujería o hechicería, prácticas que Dios abomina, pero llama la atención el punto de tan peculiar voz: "ñacañaca", la cual en México y en otros países suelen usar a manera de broma quienes están a punto de hacer una travesura o cometer alguna maldad o broma juguetona. El individuo en cuestión acompaña casi siempre esta palabra frotándose las manos como vemos en las películas de terror a los malvados de las historias pero realmente no hay nada de que espantarse.

ñango. Al individuo flaco y debilucho, los niños en México suelen decirle que está ñango. Estar ñango es una verdadera monserga: casi nadie quiere que te integres a las actividades deportivas de conjunto porque tu supuesta debilidad sólo estorbará al buen funcionamiento del grupo y eres blanco de las burlas de los demás niños que por regla general, son más llenitos y fuertes. El ñango por ende tiene una percepción muy lastimera de sí mismo y está convencido de que no le queda otra que ser un apartado de la sociedad. Evita las fiestas, y cuando va creciendo y tiene que desempeñar actividades deportivas en la escuela en las que tiene que usar ropa adecuada como lo es un short o pantalón corto, el ñango prefiere fingir sentirse enfermo o cosas parecidas para no ser el objeto de las burlas por sus piernas flacas y sus brazos delgados que regularmente no llaman la atención de las chicas, a quienes les gustan más los jóvenes atléticos o de complexión robusta. El ñango de los años 60-70, sentía sin embargo que su maldición podría llegar a su fin sin necesidad de mayor esfuerzo y sin duda ése fue uno de los puntos que Charles Atlas supo explotar en su publicidad donde un alfeñique de 44 kilos podía ponerle un "hasta aquí" a un fanfarrón que lo molestaba en la playa y así poder conquistar a una joven que anteriormente sentía lástima por él. Lo importante es sin duda, hacer ejercicio a la edad que sea, aunque para ello no es necesario ir a un gimnasio -gym, como le llaman los de mentalidad colonizada- y cargar pesas, mancuernas y ocupar bancos de ejercicio y demás aparatejos que lejos de ayudarles pueden, si no se tiene cuidado, provocar problemas peores como hernias o desviaciones de discos, luxaciones y demás. Basta con caminar o correr un poco y sobre todo alimentarse bien, llevar una dieta adecuada, dormir y descansar correctamente y de esta manera, sin llegar a ser unos Charles Atlas, Lou Ferrigno o Schwarzenegger, podemos ser unas personas normales, pero jamás convertirnos en unos patéticos ñangos.

ñáñaras. En un sketch de "Los Hermanos Lelos", los extraordinarios cómicos Enrique Cuenca y Eduardo Manzano, conocidos como "Los Polivoces", utilizaban constantemente la palabra "ñáñaras". El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, consigna a la "ñáñara" como pereza, pero para el Brevísimo Diccionario Marín de la Docena, denotan más bien una sensación de nerviosismo que puede tener origen no determinado. Las ñáñaras lo mismo pueden sentirse cuando un individuo por fin puede orinar tras horas de no hacerlo, que cuando tiene una sensación de inseguridad al pasar de noche por una calle desconocida o al ver a una chica que llama poderosamente su atención. Las ñáñaras pueden ir acompañadas de escalofríos y generalmente, según parece, son más los hombres quienes las sienten, pues son pocas las ocasiones en las que se ha observado a una mujer diciendo haber tenido este tipo de sensación, al respecto, sin embargo, habría que investigar más a fondo para llegar a una conclusión definitiva, por lo pronto, el tema está a debate para que los estudiosos de la fisiología humana lleguen al meollo del asunto.

ñero. En otros tiempos esta palabra era el apócope de "compañero" y denotaba precisamente eso, compañerismo y camaradería entre la gente de los estratos bajos de la sociedad así como entre los criminales y hampones. Con el tiempo, "ñero" a adquirido una denotación distinta y se usa entre las clases medias y altas para definir a individuos de estrato bajo, origen humilde y poca educación, casi como sinónimo de "naco", palabra empleada con frecuencia en el habla mexicana con el mismo fin despectivo. A su vez, en los barrios bajos, "ñero" adquiere también un dejo peyorativo y se utiliza para expresar rechazo hacia un individuo o definirlo como alguien de poca estima. El ñero no tiene lugar en ningún lado y su presencia no es bien recibida, el ñero tiene la opción de retirarse, antes de que su estancia en un lugar cause mayor molestia y ésta culmine en la violencia.

ñoñez. La ñoñez está asociada a la simpleza y a la cortedad de ideas. Abundando más, el ñoño es un individuo aniñado y apocado que nunca se atreve a ir más allá de lo permitido y a veces no avanza tampoco dentro de los límites de lo permitido. Muchos consideran ñoño al individuo que hace las cosas tal como le son mandadas o impuestas o al individuo que sigue al pie de la letra todas los convencionalismos sociales como saludar al entrar a un lugar; ceder el asiento a una señora grande o a una persona mayor en el transporte público; ponerse de pie cuando el maestro llega al salón de clases; llegar temprano al centro de trabajo; etcétera. Para las mentalidades supuestamente "liberales", todo lo anterior son actitudes propias de un ñoño o de alguien que practica la ñoñería. De entrada el ñoño no es bien visto por ser bien portado y educadito, lo cual desagrada especialmente a los jóvenes que pasan por varias etapas de rebeldía a lo largo de su desarrollo. En el cuadro de honor de la ñoñez se encuentran, por supuesto los cristianos, para muchos, individuos ajenos a la diversión y a las ganas de vivir que acostumbran, en sus fiestas y reuniones no poner música para bailar con los ritmos de moda como el reguetón o la quebradita y mucho menos la lambada. No obstante ese horror, los cristianos en sus fiestas limitan mucho el consumo de bebidas embriagantes y en ocasiones prescinden de ellas, por lo que a sus reuniones sin duda les falta ambiente. Estos sujetos seguidores de Cristo, además procuran emplear un lenguaje apropiado y no es común escucharlos contando cuentos colorados, lo que los hace ver como gente amargada y nada divertida. Para colmo, muchos de ellos suelen orar por los alimentos y poco falta para que quieran repartir bendiciones a todos los presentes cuando a lo que va la gente a una fiesta es a ver "qué pesca uno por ahí". A todo esto, las chicas cristianas tienen la gracia de una ostra, pues es difícil llegar a ver a alguna de ellas en minifalda o por lo menos algo escotadita para tener una vista agradable, si bien no se visten de monjas, van lo suficientemente tapadas como para siquiera poder imaginar algo. Tampoco fuman y bueno, en consecuencia, los cristianos para los demás, son una bola de ñoños. Y yo, me siento orgulloso de ser uno de ellos.

ñor. Nos encontramos ahora con el apócope de "señor". Cuando yo era un jovencillo de unos 17 o 18 años, recuerdo que nos referíamos a los demás hombres que ya eran casados y con responsabilidades familiares, como "fulano de tal ya es señor", queriendo decir con eso que ya no podía llevar una vida como la nuestra pues tenía que trabajar y mantener una casa. Ha pasado el tiempo y ahora que voy a comprar alguna cosa a la calle, jóvenes de 17 o 18 años suelen decir, al verme, "atiende al ñor" o "¿qué se le ofrece, don?" Ahí me doy cuenta que el paso de los años es notorio e imperdonable y no me queda sino aceptar que ya soy un ñor o un don y que el paso que sigue es llegar a ser un "ruco", o sea un viejo. No es otra cosa que el ciclo de la vida, que avanza a veces sin que nos demos cuenta cabal de los cambios que vamos experimentando con el paso de los años. Los ñores, por regla general tienen poco pelo o ya carecen de éste, ostentan la curva de la felicidad (vulgo están panzones), y efectivamente, se dedican a trabajar para llevar dinero a su casa. Es curioso que mientras que en otros tiempos ver a un señor o a un "ruco" implicaba tratar a éstos con respeto, aunque no nos cayeran bien, en la actualidad la falta de valores y el bajo nivel de educación que exhiben los jóvenes hace que los chicos tuteen a los mayores como si fueran sus cuates o camaradas. A pesar de todo, hay que acostumbrarse a ser ñor o a ser ñora en el caso de las mujeres y vivir la realidad tal cual, esto no quiere decir que no sigamos viviendo con dignidad y siendo útiles para nosotros mismos, para nuestras familias, y por supuesto, a Dios.

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